La competencia en IA no se mide por cuántas herramientas ha probado un docente. Es la capacidad de elegir una tarea adecuada, producir un borrador útil, reconocer riesgos, verificarlo, proteger al alumnado y conservar la responsabilidad sobre la decisión educativa final.
1. Define el propósito pedagógico
¿Puede el docente expresar objetivo, grupo y motivo para usar IA? La competencia comienza al decidir qué debe seguir siendo criterio humano y qué puede agilizarse con seguridad. «Crea algo atractivo» aún no es un propósito educativo.
2. Da instrucciones útiles y acotadas
Una buena petición incluye edad, idioma, objetivo, límites de fuentes, formato, dificultad, accesibilidad y comentarios. El docente modifica una variable cada vez y pide que se señale incertidumbre en vez de inventar lo que falta.
3. Verifica contenido y evaluación
Comprueba hechos, cálculos, respuestas, distractores, explicaciones, lectura, currículo y supuestos culturales. Previsualiza como estudiante y resuelve cada elemento puntuado. Fluidez, confianza y diseño pulido nunca sustituyen la verificación.
4. Protege privacidad, autoría y acceso
Sigue la política escolar y no envía nombres, identificadores, trabajos sensibles ni registros a servicios no aprobados. Comprueba derechos y atribución, y asegura alternativas, contraste, teclado e idioma accesible.
5. Usa la IA con transparencia
Explica dónde contribuyó, qué se revisó y qué debe hacer el alumnado de forma independiente. Diseña para la autonomía, ofrece una vía sin IA cuando proceda y no usa el resultado solo para calificar, disciplinar, ubicar o diagnosticar.
6. Aprende de la evidencia y documenta
Después compara la actividad con trabajo, conversación, errores, acceso y opiniones. Registra cambios y correcciones importantes, comparte aprendizajes reutilizables y abandona un proceso si el ahorro no compensa riesgo y revisión.
- Propósito explícito.
- Instrucciones acotadas.
- Afirmaciones y preguntas verificadas.
- Privacidad y acceso protegidos.
- Responsabilidad humana.



